«La primera condición para coger las oportunidades dadas es la realización de nuestra propia función: somos solo los transmisores de un pasado deprava­do, hacia un futuro eventualmente mejor. No debemos ser nosotros los que edifiquemos es­te futuro. ¡no tenemos derecho de decir a nuestros hijos cómo construir su futuro! Ya hemos demostrado que somos incapaces de construir nuestro propio futuro. Lo que podemos hacer como transmisores, no obstante, es contar a nuestros hijos, dónde y cómo fracasamos, podemos, además, hacer todo lo po­sible para remover los obstáculos que están en el camino de nuestros hijos, para que construyan un mundo nuevo y mejor para ellos mismos.

No podemos, de ningún modo, predicar la "adaptación cultural" para nuestros hijos, ya que esta misma cultura ha sido desintegrada bajo nuestros pies hace más de 35 años. ¿nuestros hijos tendrán que adaptarse a este siglo de guerras, matanzas en masa, tiranía y deterioro moral?

Es imposible crear un carácter humano independiente, cuando la educación está en manos de políticos. no podemos, ni osamos vender nuestros hijos de esta manera.

No podemos decir a nuestros hijos qué tipo de mundo sería o habría que construir, pero podemos equipar nuestros hijos con el tipo de estructura ca­racterial y con el vigor biológico que les harán capaces para tomar sus pro­pias decisiones y encontrar sus propios caminos para construir, de una mane­ra racional, su propio futuro y el de sus hijos».

Tomado de “Los niños del futuro”

 

«La psicología so­cial, en cambio, se formula la pregunta contraria: lo que hay que explicar no es por qué roba el hambriento o hace huelga el explotado, sino por qué la mayoría de los hambrientos no roba y por qué la mayoría de los explotados no entra en huelga.»

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«Todo orden social produce en las masas que lo forman las estructuras necesarias para alcanzar sus fines principales.»

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«Un auténtico orden social nuevo no se agota con la eliminación de las instituciones sociales dictatoriales y autoritarias. Ni tampoco con el establecimiento de nue­vas instituciones, pues éstas degeneran invariablemente en dictatoriales y autoritarias, si no se elimina simul­táneamente el enraizamiento, caracterológico del abso­lutismo autoritario en las masas humanas, esta elimina­ción se realiza por medio de la educación y la higiene social. No hay ángeles revolucionarios en un sector y diablos reaccionarios en el otro. No hay capitalistas avaros allí y obreros desprendidos aquí. Para que la socio­logía y la psicología de masas funcionen en la práctica como ciencias auténticas, deben liberarse de todo mani­queísmo político. Tienen que penetrar en la esencia con­tradictoria de los hombres que han recibido una educa­ción autoritaria y ayudar a descubrir, describir y eliminar la reacción política en el comportamiento y en la estructura de las masas de hombres trabajadores.»

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«Eran la función y el desarrollo de los soviets los que permitirían juzgar con mayor seguridad el curso del pro­ceso social. No podía ocultarse tras ningún tipo de ilu­siones si se tenía en cuenta lo siguiente: lo importante no era que en las elecciones de las corporaciones parti­cipara el noventa por ciento de la población en vez del sesenta por ciento anterior, sino la cuestión de si los electores de los soviets (y no los representantes elegidos) asumían realmente cada vez más la conducción social. Una «participación electoral del noventa por ciento» no era una demostración del desarrollo progresivo del auto­gobierno social, aunque sólo fuera que por el hecho de no decir nada acerca del contenido de la actividad de las masas, además de no ser una característica del sis­tema soviético. En las democracias burguesas y hasta en «votaciones populares» fascistas existe también una participación electoral del noventa por ciento o más aún». Es una parte esencial de la democracia laboral de­terminar la maduración social de una comunidad no por la cantidad de ‑votos, sino por el contenido tangible y real de su actividad social.»

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«Uno de los mayores errores que se han cometido al juzgar las dictaduras es el de afirmar que el dictador en cuestión se ha impuesto, por así decirlo, desde «fuera» y contra la voluntad social. En realidad, hasta ahora no ha habido dictador alguno que no fuera una agudización de ideas sobre el Estado que ya existían previamente, y que aquél sólo necesitaba exa­gerar para tomar el poder.

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«La inhibición moral de la sexualidad genital del párvulo, lo vuelve temeroso, tímido, sumiso, obediente, en suma, «bueno» y «dócil» en el sentido auto­ritario; puesto que de ahora en adelante todo impulso vital y libre está cargado de una fuerte dosis de an­gustia, esa limitación paraliza las fuerzas rebeldes en el hombre y reduce su capacidad de pensamiento y de crí­tica, imponiéndole la prohibición de pensar en las cosas sexuales; en una palabra, su objetivo es la conformación de un súbdito adaptado al orden autoritario, que lo to­lera pese a todas las miserias y humillaciones. Como primer grado de esta adaptación, el niño atraviesa el es­tado autoritario en miniatura que es la familia, cuyas estructuras tiene que aceptar a fin de poder integrarse más tarde en el marco del orden social general. Hay que comprender claramente que la estructuración autoritaria del hombre se produce centralmente por el enraizamien­to de inhibiciones y angustias sexuales en el material vivo de los impulsos sexuales.»

Tomado del libro “Psicología de Masas del Fascismo”

 

«Un niño que no está inhibido y cuya movilidad es libre no es terreno fértil para las ideologías y costumbres reaccionarias. Y a la inversa, un niño inhibido en su movilidad está predis­puesto a aceptar toda suerte de ideologías».

Tomado del libro “La revolución sexual”