«Por esto en el campo de la profi­laxis hacemos hincapié en que una buena lactancia no se produce sola­mente por dar el pecho, sino porque la madre tenga una capacidad de vi­venciar su relación con el lactante con amor, es decir, con sexualidad, y como consecuencia de ello unos pe­chos orgonóticamente cargados, capaces de producir un potencial energético al contactar con la boca car­gada del lactante, desarrollando así la relación sexual oral. Si, por el con­trario la lactancia se realiza mecánicamente, sin emoción, en muchas ocasiones, es mejor remedio susti­tuirlo por el biberón, siempre que és­te se dé con dulzura y contacto epi­dérmico».