« De la falta del ser a la falta del tener.

Ese transfert aparece de manera evidente en la escuela maternal en la que vemos, durante las sesiones de psicomotricidad, a niños sufriendo una frustración afectiva, acaparar y coleccionar el máximo de objetos. Como se sabe, la cleptomanía tiene el mismo origen. En nuestros cursillos de adultos vemos desarrollarse el fenómeno inverso, es decir, que cuando se ha encontrado el contacto fusional con el otro, el objeto pierde todo su interés.

El deseo de tener terminará por oscurecer el deseo de ser, que es mucho más abstracto, más profundo, más difícil también de satisfacer al no estar el otro siempre disponible en el momento deseado. Lo que le falta al cuerpo, hundido en el inconsciente, emergerá en el consciente bajo la forma simbólica de una falta de tener. Aunque el tener no podrá jamás llenar la carencia, y el deseo de posesión de objetos se convertirá en un verdadero tonel de las Danaides.

Cuanto más satisfecho está el deseo fusional, directo o mediatizado, menos necesidad tenemos de los objetos ("los enamorados viven de amor y agua fresca"). Y cuanto mayor es la insatisfacción de ese deseo, con más ahínco buscamos las compensaciones materiales. La "sociedad de consumo" es la consecuencia lógica de una deshumanización de las relaciones sociales. La sociedad capitalista, en su lógica interna, no puede por menos que crear y mantener esa necesidad. El sistema de valores de nuestra sociedad reposa sobre la posesión de bienes, el tener. Recordemos el dicho español "tanto tienes, tanto vales". Se juzga más a las personas por lo que tienen que por lo que son. Cuando hablamos de haberes, no hablarnos solamente de haberes materiales, sino también de los haberes intelectuales, "culturales". Es necesario tener conocimientos (por inútiles que sean), tener diplomas (cada vez más inútiles). El saber se convierte en un bien de consumo.»

 

Tomado del libro: "El cuerpo y el inconsciente en educación y terapia".