Erich Fromm hace una interesante comparación entre el principio matriarcal y el patriarcal: «El principio matriarcal es el del amor incondicional, igualdad natural, énfasis en los vínculos de la sangre y la tierra, compasión y clemencia; el principio patriarcal es el del amor condicionado, estructura jerárquica, pensamiento abstracto, leyes hechas por los hombres, el estado y la justicia. En último análisis, la clemencia y la justicia representan respectivamente esos dos principios.

Estos dos principios se pueden equiparar también al ego y al cuerpo respectivamente, o a la razón y al sentimiento. En su extensión natural, el principio patriarcal representa el ego, la razón, la creencia y la cultura, mientras que el principio matriarcal representa el cuerpo, el sentimiento, la fe y la naturaleza. Es verdad que el principio patriarcal está hoy en estado de crisis. Se ha hipertrofiado en manos de la ciencia y la tecnología y está a punto de quebrar; pero hasta que eso ocurra y se restablezca el principio del matriarcado en el lugar que le corresponde como valor igual y polar, se puede anticipar que la depresión será endémica en nuestra civilización.»

 

«La importancia del animismo para lo que aquí nos ocupa es que representaba una forma de vida basada en la fe y en el respeto a la naturaleza. Desde la Edad de Piedra, el hombre no tenía ni los medios ni el poder para controlar las fuerzas naturales; su supervivencia dependía de su adaptación a ella, y esto lo conseguía a través de una identificación con el fenómeno de la naturaleza. El hombre primitivo sentía que formaba parte de las fuerzas naturales igual que ellas formaban parte de su propio ser. Por lo tanto, no podía actuar destructivamente contra la naturaleza sin ser al mismo tiempo autodestructivo. Si quería que la naturaleza le alimentara, tenía que respetar su integridad y evitar violentar a los espíritus que residían en todo fenómeno natural. Por ejemplo, no podía talar un árbol sin hacer cierto gesto para apaciguar al espíritu del árbol. Esther Warner nos describe su mentalidad: «Nos explicó que debíamos llevar arroz y vino de palma para poder hacer un sacrificio al árbol. Ibamos a quitarle la vida, así que teníamos que suplicarle que nos perdonara y decirle para qué lo necesitábamos. La fuerza vital del árbol tenía que ir a reunirse con la fuerza vital del Anciano en el reino de los muertos. Y el árbol tenía que aceptar la entrega».

 

Tomado del libro “La depresión y el cuerpo”