Citas de autores

André Lapierre - Bernard Aucouturier.

«De la falta del ser a la falta del tener.

Ese transfert aparece de manera evidente en la escuela maternal en la que vemos, durante las sesiones de psicomotricidad, a niños sufriendo una frustración afectiva, acaparar y coleccionar el máximo de objetos. Como se sabe, la cleptomanía tiene el mismo origen. En nuestros cursillos de adultos vemos desarrollarse el fenómeno inverso, es decir, que cuando se ha encontrado el contacto fusional con el otro, el objeto pierde todo su interés.

El deseo de tener terminará por oscurecer el deseo de ser, que es mucho más abstracto, más profundo, más difícil también de satisfacer al no estar el otro siempre disponible en el momento deseado. Lo que le falta al cuerpo, hundido en el inconsciente, emergerá en el consciente bajo la forma simbólica de una falta de tener. Aunque el tener no podrá jamás llenar la carencia, y el deseo de posesión de objetos se convertirá en un verdadero tonel de las Danaides.

Cuanto más satisfecho está el deseo fusional, directo o mediatizado, menos necesidad tenemos de los objetos ("los enamorados viven de amor y agua fresca"). Y cuanto mayor es la insatisfacción de ese deseo, con más ahínco buscamos las compensaciones materiales. La "sociedad de consumo" es la consecuencia lógica de una deshumanización de las relaciones sociales. La sociedad capitalista, en su lógica interna, no puede por menos que crear y mantener esa necesidad. El sistema de valores de nuestra sociedad reposa sobre la posesión de bienes, el tener. Recordemos el dicho español "tanto tienes, tanto vales". Se juzga más a las personas por lo que tienen que por lo que son. Cuando hablamos de haberes, no hablarnos solamente de haberes materiales, sino también de los haberes intelectuales, "culturales". Es necesario tener conocimientos (por inútiles que sean), tener diplomas (cada vez más inútiles). El saber se convierte en un bien de consumo.»

 

Tomado del libro: "El cuerpo y el inconsciente en educación y terapia".

 

Alexander Lowen

 

Erich Fromm hace una interesante comparación entre el principio matriarcal y el patriarcal: «El principio matriarcal es el del amor incondicional, igualdad natural, énfasis en los vínculos de la sangre y la tierra, compasión y clemencia; el principio patriarcal es el del amor condicionado, estructura jerárquica, pensamiento abstracto, leyes hechas por los hombres, el estado y la justicia. En último análisis, la clemencia y la justicia representan respectivamente esos dos principios.

Estos dos principios se pueden equiparar también al ego y al cuerpo respectivamente, o a la razón y al sentimiento. En su extensión natural, el principio patriarcal representa el ego, la razón, la creencia y la cultura, mientras que el principio matriarcal representa el cuerpo, el sentimiento, la fe y la naturaleza. Es verdad que el principio patriarcal está hoy en estado de crisis. Se ha hipertrofiado en manos de la ciencia y la tecnología y está a punto de quebrar; pero hasta que eso ocurra y se restablezca el principio del matriarcado en el lugar que le corresponde como valor igual y polar, se puede anticipar que la depresión será endémica en nuestra civilización.»

 

«La importancia del animismo para lo que aquí nos ocupa es que representaba una forma de vida basada en la fe y en el respeto a la naturaleza. Desde la Edad de Piedra, el hombre no tenía ni los medios ni el poder para controlar las fuerzas naturales; su supervivencia dependía de su adaptación a ella, y esto lo conseguía a través de una identificación con el fenómeno de la naturaleza. El hombre primitivo sentía que formaba parte de las fuerzas naturales igual que ellas formaban parte de su propio ser. Por lo tanto, no podía actuar destructivamente contra la naturaleza sin ser al mismo tiempo autodestructivo. Si quería que la naturaleza le alimentara, tenía que respetar su integridad y evitar violentar a los espíritus que residían en todo fenómeno natural. Por ejemplo, no podía talar un árbol sin hacer cierto gesto para apaciguar al espíritu del árbol. Esther Warner nos describe su mentalidad: «Nos explicó que debíamos llevar arroz y vino de palma para poder hacer un sacrificio al árbol. Ibamos a quitarle la vida, así que teníamos que suplicarle que nos perdonara y decirle para qué lo necesitábamos. La fuerza vital del árbol tenía que ir a reunirse con la fuerza vital del Anciano en el reino de los muertos. Y el árbol tenía que aceptar la entrega».

 

Tomado del libro “La depresión y el cuerpo”

 

Arturo Pérez-Reverte.

"No sé qué os habrán contado, pero yo estaba allí, y juro que siempre es la misma: un par de desgraciados con distinto uniforme que se pegan tiros el uno al otro, muertos de miedo en un agujero lleno de barro, y un cabrón con pintas fumándose un puro en un despacho climatizado, muy lejos, que diseña banderas, himnos nacionales y monumentos al soldado desconocido mientras se forra con la sangre y con la mierda. La guerra es un negocio de tenderos y de generales, hijos míos. Y lo demás es filfa".

Tomado "Territorio Comanche".

 

Bakunin

«¿Se desprende de esto que rechazo toda autoridad? Lejos de mí ese pensamiento. Cuando se trata de zapatos, prefiero la autoridad del zapatero; si se trata de una casa, de un canal o de un ferrocarril, consulto la del arquitecto o del ingeniero. Para esta o la otra ciencia especial me dirijo a tal o cual sabio. Pero no dejo que se impongan sobre mí ni el zapatero, ni el arquitecto ni el sabio. Les escucho libremente y con todo el respeto que merecen su inteligencia, su carácter, su saber, pero me reservo mi derecho incontestable de crítica y de control. No me contento con consultar una sola autoridad especialista, consulto a varias; comparo sus opiniones y elijo la que me parece más justa. Pero no reconozco autoridad infalible, ni aún en las cuestiones especiales; por consiguiente, no obstante el respeto que pueda tener hacia la honestidad y la sinceridad de tal o cual individuo, no tengo fe absoluta en nadie. Una fe semejante sería fatal a mi razón, a mi libertad y al éxito mismo de mis empresas; me transformaría inmediatamente en un esclavo estúpido y en un instrumento de la voluntad y de los intereses ajenos.

Si me inclino ante la autoridad de los especialistas y si me declaro dispuesto a seguir, en una cierta medida y durante todo el tiempo que me parezca necesario, sus indicaciones y aún su dirección, es porque esa autoridad no me es impuesta por nadie, ni por los hombres ni por dios. De otro modo la rechazaría con horror y enviaría al diablo sus consejos, su dirección y su ciencia, seguro de que me harían pagar con la pérdida de mi libertad y de mi dignidad los fragmentos de verdad humana, envueltos en muchas mentiras, que podrían darme».

 

Carlos Castilla del Pino

«Cada vez es más frecuente encontrar lo que yo llamo «depresión por balance»; personas con 50 ó 60 años que caen en graves depresiones porque han pagado un precio demasiado alto por sus conquistas. Han perdido a los amigos, no se fían de nadie, temen que les pongan zancadillas para ocupar su puesto, como hicieron ellos con los demás. Las empresas los explotan de una manera clarísima; les ofrecen su protección a cambio de controlar hasta los menores detalles de su vida. Hace muchos años vino a verme el presidente de un importante banco y me contaba que no le permitían alternar con personas de menor nivel social, porque la empresa le exigía dar una determinada imagen en su vida privada.»

                                              

        Tomado del árticulo «Depresión por balance»

 

Dr. Thomas Verny y John Kelly

 

En mi opinión, una de las críticas más devastadoras al modo de traer actualmente niños al mundo es el espantoso relato que la doc­tora Michelle Harrison hizo de un parto que una noche presenció como médica residente en un pequeño hospital de los suburbios de Nueva Jersey. El hecho de que la sala de partos estuviera en Nueva Jersey es accesorio. Con la misma facilidad podía estar en cualquier otro hospital norteamericano... o francés, alemán, inglés, canadiense o italiano, y es esto lo que hace que sea tan convincente el re­lato de la doctora Harrison.

Escribió: «Cuando llegué, la parturienta... estaba bas­tante bien en la sala de partos, empujaba suavemente y se quejaba, pero no gritaba... Hacía ya muchas horas que ha­bía comenzado a parir, lo estaba haciendo sola y pensé que lo que faltaba le gustaría... Me puse la bata y los guantes y después la examiné. La dilatación era completa y pronto daría a luz. La cubrí... En ese momento llegó el anestesista -un joven arrogante- y se sentó a la cabecera de la parturienta. Le colocó una mascarilla sobre el rostro y le dijo que respirara profundamente. Le aseguró que todo estaba a punto de terminar. Sólo le faltaban dos o tres contraccio­nes. Pregunté al anestesista qué le estaba aplicando. Ig­noró mi pregunta... Unos minutos después decidió res­ponder, pero no entendí lo que masculló. De todos modos, no tuvo importancia porque en ese instante llegó el obstetra. El anestesista adormeció aun más a la mujer mientras esperaba que el obstreta se lavara y vistiera... Éste entró e ignoró mi presencia. El obstetra y el anestesista co­menzaron a hablar entre sí. Ahora, la paciente se atragan­taba a causa de las cánulas que tenía en la garganta. El parto se había interrumpido; habían inclinado la mesa para que el obstetra pudiera mirar a través de los labios di­latados. A continuación, ambos hablaron con desdén. El anestesista comentaba, colérico, que la mujer tenía arcadas y el obstetra decía que ella había dejado de ayudarlos, ya no empujaba y su útero no se contraía. Desenvolvieron los fórceps, los aplicaron y, con una anestesia aun mayor, el infante fue retirado del útero de su madre con las abraza­deras de acero alrededor de la cabeza. El niño estaba azul y apático, pero se recuperó pronto mediante oxígeno y algu­nas palmadas.»

El obstetra y el anestesista siguieron charlando mien­tras se suturaba a la paciente. Hablaron de compañeros, de Puerto Rico, de las vacaciones, del tiempo, etc. El aconte­cimiento del nacimiento se perdió en beneficio de... la charla masculina de café.»

 

Tomado de “La vida secreta del niño antes de nacer”

 

Elsworth F. Baker, 1969

«Por esto en el campo de la profi­laxis hacemos hincapié en que una buena lactancia no se produce sola­mente por dar el pecho, sino porque la madre tenga una capacidad de vi­venciar su relación con el lactante con amor, es decir, con sexualidad, y como consecuencia de ello unos pe­chos orgonóticamente cargados, capaces de producir un potencial energético al contactar con la boca car­gada del lactante, desarrollando así la relación sexual oral. Si, por el con­trario la lactancia se realiza mecánicamente, sin emoción, en muchas ocasiones, es mejor remedio susti­tuirlo por el biberón, siempre que és­te se dé con dulzura y contacto epi­dérmico».

 

Margaret .A Ribble

... y en ocasiones, como en el caso de los reptiles de sangre fría, como por ejemplo el dinosaurio, la hembra ponía los huevos en la arena, dejaba que el sol los incubara y abandonaba al recién nacido en las manos del destino. Existen algunos padres modernos que parecen pensar que ésta era una buena idea; no desean sentirse abrumados con el cuidado de un niño. Particularmente el amamantamiento ha pasado de moda, y las madres dicen vivamente que ellas no han de ser vacas. Parecen preferir ser dinosaurios.

 

Tomado del libro: “Los derechos del niño”. Editorial nova. Buenos Aires, 1979. Capítulo XIII: En procura de la salud mental.

 

Neill, A.S.:

El niño sin libertad:

El niño moldeado, condicionado, disciplinado, reprimido, el niño sin libertad, cuyo nombre es legión, vive en todos los rincones del mundo. Vive en nuestra población exactamente al otro lado de la calle. Se sienta aburrido en un pupitre es una escuela aburrida, y después se sienta, en un escritorio más aburrrido aún en una oficina, o en un banco de una fábrica. Es dócil, inclinado a obedecer a la autoridad, temeroso de la crítica, y casi fanático en su deseo de ser normal, convencional y correcto. Acepta lo que le han enseñado casi sin hacer preguntas; y transmite todos sus complejos, temores y frustraciones a sus hijos.

Tomado del libro : Summerhill. Madrid: Fondo de cultura económica, 1987

 

 

Paracelso

«El amor pone al descubierto cosas que, de no ser por él, permanecerían ocultas. Una inteligencia insensible no puede hacer otra cosa que investigar el infierno de sus diabólicas construcciones mediante sus propios métodos, instrumentos y medios infernales y describir, en el lenguaje del infierno, sus también diabólicas conclusiones, hallazgos e hipótesis. La curación procede de la medicina y el arte de la medicina nace de la caridad. Asi pues, curarse no es un acto de Fe, sino de compasión. La verdadera base de la medicina es el amor».

 

 

Rene Spitz

 

«Pongamos un ejemplo. En la sociedad de Alor la mujer tras alimentar al niño por la mañana lo abandona a los cuidados envidiosos y llenos de resentimiento de otro niño apenas mayor que él. El padre, por otro lado, se dedica a sus asuntos. Como consecuencia de ello el niño nunca siente la ternura y solicitud maternas. El resultado de esto es una sociedad llena de hostilidad y odio. Individuos desconfiados, tímidos e inseguros, tramposos y timadores, no cooperan y no hacen amistad, tienen la sensación de estar constantemente amenazados, las relaciones sexuales son execrables, viven para el momento, de capacidad débil para transformar su agresión en acción... El tema básico de su folklore es el odio a los padres. Cada alorés adulto se lamenta de que su madre lo abandonó en su infancia.

En las sociedades primitivas el proceso circular anteriormente citado asegura la inmutabilidad de las formas culturales a través de los siglos.»

                                      Tomado del libro “El primer año de vida del niño.”

 

R.D. Laing

 

«Se conocieron en Austria, donde ella había nacido. Se trasladaron a Australia, país en el que ninguno de los dos había estado antes. Más tarde el marido fue trasladado a Sudamérica, y actualmente viven en alguna parte del nordeste de América. Se pasa todo el día fuera. Ella no conoce a nadie. Un día, al llegar él a casa, su mujer le dice que tiene ganas de chillar. Avisa al doctor, le ponen una inyección, llaman a una ambulancia y la llevan a un sanatorio. Tiene ganas de chillar. Le prescriben un tratamiento de tranquilizantes—cada vez tiene más ganas de chillar—y de electroshocks. Pero, cuando cesan las sacudidas, vuelve a sentir ganas de gritar. Le aplican un tratamiento psicoterapéutico. Se suspenden los electroshocks, se disminuye la dosis de tranquilizantes. Ingresó hace tres meses. Todavía sigue allí. Todavía tiene ganas de chillar pero no ha chillado nunca.»

 

 

 

 

«Chicago, 1972

Ella tiene catorce años y ha estado en una clínica mental durante tres meses, diagnosticada de esquizofrenia. Todos los miembros de la familia están de acuerdo en que la mandaron al hospital por las siguientes razones: se quedaba en su habitación mirando fijamente la pared; mientras debía estar abajo viendo la televisión con el resto de la famlilia. Pesaba la mitad de lo que debía; mientras el resto de la familia pesaba el doble. Se lavaba las manos y la cara con agua fría; en vez de agua caliente como todos los demás.

Estoy seguro de que he estado contemplando las paredes durante muchas más horas que esta chica. Esto, en determinados ambientes , recibe el nombre de meditación; es un modo de descansar, sosegar, vaciar, tranquilizar la mente. Para mí no es más que una función natural, como el dormir, el soñar, el despertarse y el interesarse por las cosas. Es como inspirar y espirar, como abrir y cerrar, como una sístole y una diástole.

Habia encontrado un recurso natural, normal, extraido de su subcultura. Quizás había un profesor de meditación bastante competente en la ciudad... Sin embargo, en lugar de interpretar esto como una posible salida temporal, o como un refugio, se lo considera como un síntoma caracteristico de la esquizofrenia. En cambio, a nadie se le ocurrió mandar a su familia al complejo médico-industrial para que la «repararan» y no perdiera tanto tiempo viendo la televisión. He oído decir que «el canadiense medio» mira la televisión cinco horas al día. Me pregunto si estarían peor mirando fijamente una pared desnuda durante cinco horas al día. Pero además (para ser sinceros),«se trata de un caso de confusión del día con la noche»,

La clave es que está «fuera de control». No come lo que se le prepara; ni a las horas en que debería hacerlo; No duerme cuando debería cuando es normal que una chica de su edad esté durmiendo cuando todas las chicas de su clase están dormidas. No se lava las manos ni la cara con agua caliente, como todo el mundo. ¿No será esto indicio de una mala adaptación social, o incluso de una manipulación social, que hace sospechar una psicopatología histérica más que una esquizofrenia?

En vista de todo esto, el «tratamiento»—diametralmente opuesto a la terapia— consiste en la hospitalización. Se la encierra contra su voluntad para evitar que se escape. Se interrumpe el proceso patológico: I) impedir que se dedique a contemplar la pared en vez de permitírselo, e incluso de animarla ; II) no dejar que encuentre su tranquilidad, suministrándole «tranquilizantes» III) dañar su cerebro y confundir su mente aplicándole una serie de electroshocks (ocho) IV) hacerla llegar a la pubertad químicamente mediante hormonas para provocarle la menstruación e impulsar el desarrollo de sus senos, porque quizás su maduración esté orgánicamente retrasada (como suele ocurrir con los esquizofrénicos»)

«La interferencia científica es la más destructiva. Sólo científico sabe cómo interferir del modo más destructivo.»

 

 

Tomado del libro: “LAS COSAS DE LA VIDA”, Un ensayo sobre los sentimientos, la realidad y la fantasía. Grupo editorial grijalbo. Barcelona, 1981


Tao Te Ching

 

«Aquellos que para alcanzar lo que hay bajo el cielo interfieren en el curso de las cosas no lo logran nunca. Puesto que lo que hay bajo el cielo es como una embarcación sagrada en la que es peligroso interferir. Aquellos que interfieren, la estropean. Aquellos que quieren apoderarse de ella, la pierden.»

 

Wilhelm Reich

«La primera condición para coger las oportunidades dadas es la realización de nuestra propia función: somos solo los transmisores de un pasado deprava­do, hacia un futuro eventualmente mejor. No debemos ser nosotros los que edifiquemos es­te futuro. ¡no tenemos derecho de decir a nuestros hijos cómo construir su futuro! Ya hemos demostrado que somos incapaces de construir nuestro propio futuro. Lo que podemos hacer como transmisores, no obstante, es contar a nuestros hijos, dónde y cómo fracasamos, podemos, además, hacer todo lo po­sible para remover los obstáculos que están en el camino de nuestros hijos, para que construyan un mundo nuevo y mejor para ellos mismos.

No podemos, de ningún modo, predicar la "adaptación cultural" para nuestros hijos, ya que esta misma cultura ha sido desintegrada bajo nuestros pies hace más de 35 años. ¿nuestros hijos tendrán que adaptarse a este siglo de guerras, matanzas en masa, tiranía y deterioro moral?

Es imposible crear un carácter humano independiente, cuando la educación está en manos de políticos. no podemos, ni osamos vender nuestros hijos de esta manera.

No podemos decir a nuestros hijos qué tipo de mundo sería o habría que construir, pero podemos equipar nuestros hijos con el tipo de estructura ca­racterial y con el vigor biológico que les harán capaces para tomar sus pro­pias decisiones y encontrar sus propios caminos para construir, de una mane­ra racional, su propio futuro y el de sus hijos».

Tomado de “Los niños del futuro”

 

«La psicología so­cial, en cambio, se formula la pregunta contraria: lo que hay que explicar no es por qué roba el hambriento o hace huelga el explotado, sino por qué la mayoría de los hambrientos no roba y por qué la mayoría de los explotados no entra en huelga.»

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«Todo orden social produce en las masas que lo forman las estructuras necesarias para alcanzar sus fines principales.»

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«Un auténtico orden social nuevo no se agota con la eliminación de las instituciones sociales dictatoriales y autoritarias. Ni tampoco con el establecimiento de nue­vas instituciones, pues éstas degeneran invariablemente en dictatoriales y autoritarias, si no se elimina simul­táneamente el enraizamiento, caracterológico del abso­lutismo autoritario en las masas humanas, esta elimina­ción se realiza por medio de la educación y la higiene social. No hay ángeles revolucionarios en un sector y diablos reaccionarios en el otro. No hay capitalistas avaros allí y obreros desprendidos aquí. Para que la socio­logía y la psicología de masas funcionen en la práctica como ciencias auténticas, deben liberarse de todo mani­queísmo político. Tienen que penetrar en la esencia con­tradictoria de los hombres que han recibido una educa­ción autoritaria y ayudar a descubrir, describir y eliminar la reacción política en el comportamiento y en la estructura de las masas de hombres trabajadores.»

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«Eran la función y el desarrollo de los soviets los que permitirían juzgar con mayor seguridad el curso del pro­ceso social. No podía ocultarse tras ningún tipo de ilu­siones si se tenía en cuenta lo siguiente: lo importante no era que en las elecciones de las corporaciones parti­cipara el noventa por ciento de la población en vez del sesenta por ciento anterior, sino la cuestión de si los electores de los soviets (y no los representantes elegidos) asumían realmente cada vez más la conducción social. Una «participación electoral del noventa por ciento» no era una demostración del desarrollo progresivo del auto­gobierno social, aunque sólo fuera que por el hecho de no decir nada acerca del contenido de la actividad de las masas, además de no ser una característica del sis­tema soviético. En las democracias burguesas y hasta en «votaciones populares» fascistas existe también una participación electoral del noventa por ciento o más aún». Es una parte esencial de la democracia laboral de­terminar la maduración social de una comunidad no por la cantidad de ‑votos, sino por el contenido tangible y real de su actividad social.»

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«Uno de los mayores errores que se han cometido al juzgar las dictaduras es el de afirmar que el dictador en cuestión se ha impuesto, por así decirlo, desde «fuera» y contra la voluntad social. En realidad, hasta ahora no ha habido dictador alguno que no fuera una agudización de ideas sobre el Estado que ya existían previamente, y que aquél sólo necesitaba exa­gerar para tomar el poder.

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«La inhibición moral de la sexualidad genital del párvulo, lo vuelve temeroso, tímido, sumiso, obediente, en suma, «bueno» y «dócil» en el sentido auto­ritario; puesto que de ahora en adelante todo impulso vital y libre está cargado de una fuerte dosis de an­gustia, esa limitación paraliza las fuerzas rebeldes en el hombre y reduce su capacidad de pensamiento y de crí­tica, imponiéndole la prohibición de pensar en las cosas sexuales; en una palabra, su objetivo es la conformación de un súbdito adaptado al orden autoritario, que lo to­lera pese a todas las miserias y humillaciones. Como primer grado de esta adaptación, el niño atraviesa el es­tado autoritario en miniatura que es la familia, cuyas estructuras tiene que aceptar a fin de poder integrarse más tarde en el marco del orden social general. Hay que comprender claramente que la estructuración autoritaria del hombre se produce centralmente por el enraizamien­to de inhibiciones y angustias sexuales en el material vivo de los impulsos sexuales.»

Tomado del libro “Psicología de Masas del Fascismo”

 

«Un niño que no está inhibido y cuya movilidad es libre no es terreno fértil para las ideologías y costumbres reaccionarias. Y a la inversa, un niño inhibido en su movilidad está predis­puesto a aceptar toda suerte de ideologías».

Tomado del libro “La revolución sexual”

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